Fiesta: 10 mayo
El 18 de marzo de 1538, a orillas del arroyo Letimbro
(Savona, Italia), un sencillo labrador, Antonio Botta, que bajaba muy temprano
esa mañana a lavarse las manos, tuvo una visión en la que se vio rodeado de un
resplandor extraordinario, venido del cielo. Una voz salió del resplandor:
“Levántate y no temas, yo soy la Virgen María”. Botta pudo distinguir entre el
resplandor la figura de una mujer y recibió de ella el mandato de llevar un
mensaje de conversión para su pueblo, y de volver a aquel lugar después de un
tiempo.
Llegó el cuarto sábado -8 de abril- y, obediente a la orden
de la Santísima Virgen, Antonio se dirigió al lugar designado por Ella. Y él
mismo cuenta: “Habiendo vuelto el cuarto sábado al mismo lugar y rezando de
rodillas mis oraciones, he aquí que repentinamente bajó del cielo un
resplandor, aún mayor que la primera vez y se posó sobre una piedra que se
hallaba a la orilla, y me rodeó de tal modo que me impidió ver, no sólo los
montes, sino también los árboles más cercanos. Claramente vi en el resplandor a una Señora con vestidura y manto blanco y con una corona
de oro en la cabeza”
La Virgen volvió a dejarle un mensaje para el pueblo, y
luego, acabando de decir su mensaje, levantó las manos y los ojos al cielo, dio
tres veces la bendición sobre el arroyo repitiendo siempre: “Misericordia y no
justicia”, y desapareció.
La devoción a la Virgen de Savona creció, llegando al día en
que, el 10 de mayo de 1815, el papa Pío VII, libre del cautiverio que le había
impuesto Napoleón Bonaparte y que lo había mantenido desterrado en Savona y
luego en Fontainebleau, coronó solemnemente a la “Virgen María, Reina y Madre
de Misericordia”, en su advocación de Savona.


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