miércoles, 3 de marzo de 2021

ANTONIETTA MEO

 



Antonietta Meo, llamada cariñosamente Nennolina nació en Roma el 15 de diciembre de 1930. A los 5 años se inscribió en la Acción Católica, en el grupo de las más pequeñas. Era una niña alegre, inquieta y traviesa, como lo son todos los niños de esa edad. A pesar de su corta edad siempre ayudaba a los pobres, y le gustaba mucho ir a la escuela (incluso cuando iba con la prótesis). A los 6 años de edad un osteosarcoma (tumor maligno) le obliga a la amputación de la pierna izquierda. Ya a aquella edad tenía un concepto del valor del sufrimiento incomprensible sin la gracia de Dios.

Una religiosa enfermera de la clínica testimonió: “Una mañana, mientras ayudaba a la enfermera que ordenaba el cuarto de la niña, entró su papá, el cual, después de haberla acariciado, le preguntó: ¿Sientes mucho dolor? Y Antonietta: papa, el dolor es como la tela, cuanto más fuerte más valor tiene”. La religiosa añadió: “Si no lo hubiese escuchado con mis propios oídos, no lo hubiera creído”.

Comienza a ir a la escuela primaria a los 6 años, con una prótesis que le provoca muchos fastidios. Pero todo lo ofrece a Jesús: “Cada paso que doy que sea una palabrita de amor”. El día del aniversario de la amputación lo quiere celebrar con un gran almuerzo y con una novena a la Virgen de Pompeya, porque gracias a este evento había podido ofrecer su sufrimiento a Jesús.

La noche de navidad de 1936 recibe con fervor la Prima Comunión y pocos meses después la Confirmación. La amputación de la pierna no había bloqueado el tumor, que se extendió a la cabeza, a la mano, al pie, a la garganta y a la boca. Tanto los dolores de la enfermedad como los tratamientos que trataban de curarla eran muy fuertes.

Murió en medio a terribles dolores el 3 de julio de 1937. No había cumplido ni siquiera 7 años.

Ha sido declarada “Venerable” por el Papa Benedicto XVI el 17 de diciembre de 2007. Sus restos descansan en la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, en Roma.

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